Monitoreo de dos pumas confirma la existencia de los corredores biológicos en la Cordillera de Los Andes y pasos de fauna urbanos en la Zona Central

13/12/2021

En una iniciativa del Ministerio del Medio Ambiente, a través del Proyecto GEF Corredores Biológicos de Montaña (GEF Montaña), y con la colaboración de instituciones públicas y privadas, los felinos, monitoreados durante 13 y siete meses respectivamente, a través de collares satelitales, transitaron por corredores biológicos de la Infraestructura Ecológica de las regiones Metropolitana de Santiago y parte de Valparaíso, sumando más de 2.000 y 1.500 kilómetros cada uno, revelando la necesidad de instalar pasos de fauna para facilitar el desplazamiento y protección de especies amenazadas como los pumas. 

El Ministerio del Medio Ambiente, a través del Proyecto GEF Corredores Biológicos de Montaña (GEF Montaña) y la colaboración de otras instituciones públicas y privadas, colocó collares a dos ejemplares que, gracias a la trasmisión de una señal satelital, entregó cada ocho horas el punto de localización del individuo en el mapa. Los resultados de dicho monitoreo demostraron que ambos individuos tienen preferencias por zonas del territorio con vegetación nativa, ambientes de matorral, bosque, y cauces de río. Transitaron con mayor frecuencia por altitudes promedio entre los 1.200 y 1.400 metros de altura, las que coinciden actualmente con los sectores donde se produce la mayor tasa de cambio de uso de suelo de natural a cultural, principalmente por la expansión de cultivos en ladera como las plantaciones de árboles frutales.

Los resultados de este seguimiento forman parte del Sistema de Información y Monitoreo de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (SIMBIO), y han sido una fuente adicional de información sobre el funcionamiento de los corredores biológicos de los cordones y estribaciones de montaña que forman parte de la llamada Infraestructura Ecológica de las regiones Metropolitana de Santiago y parte de Valparaíso.

La Infraestructura Ecológica de 30 comunas de la Región Metropolitana y seis comunas de la Región de Valparaíso, fue caracterizada y diseñada como una ruta que permite conectar áreas naturales. Corresponde a una red de más de 400.000 hectáreas formada por 470 sitios de alto valor en biodiversidad, conectados a través de 385 corredores biológicos o rutas por donde transitan diversas especies de fauna, que brindan una heterogeneidad de hábitats a las especies nativas favoreciendo su migración, dispersión, vinculación e interrelación entre poblaciones distantes en el territorio.

“Los dos pumas anillados nos han permitido conocer hábitos, preferencias de ambientes, sitios y rango de distancias recorridas. A su vez, nos han permitido responder preguntas importantes como ¿coinciden las rutas de pumas con las áreas de la Infraestructura Ecológica permitiendo estas su traslado y oportunidades de alimentación? ¿Prefieren ambientes antropizados o de vegetación nativa? ¿Las carreteras impiden su desplazamiento natural? ¿en qué lugares es óptimo construir pasos de fauna?”, indica Petra Wallem, encargada de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos – SIMBIO RMS, del Proyecto GEF Montaña.

Pumas 6625 y 6624

Puma 6625: individuo capturado por el SAG RMS durante febrero de 2019 en el sector de Chicureo. El monitoreo con collar satelital se realizó entre febrero del 2019 y marzo 2020, abarcando aproximadamente 13 meses.

El individuo 6625 recorrió un total de 2.545 kilómetros ubicados en la Región Metropolitana y Región de Valparaíso, entre los 180 y 3.487 metros de altitud, llegando por el norte a zonas cercanas a San Felipe, mientras que al sur de Curacaví se presenta su localización más meridional. Durante el primer verano, recorrió las partes altas de la Cordillera de Los Andes alcanzando su máxima altitud a los 3.487 metros de altura, hacia la Reserva Río Blanco. En otoño baja hacia los 1.530 metros de altura y privilegia su paso por las cumbres de los valles hasta enfrentar la Ruta 5 Norte. Espera allí dos días, en un paisaje de colinas cubierto con matorral de espino, observa la carretera, hasta que una madrugada decide cruzarla y emprender rumbo a la cordillera de la Costa. Llegado el invierno, recorre un territorio de altitudes que oscilan entre los 190 y 2.115 metros de altura, permaneciendo hacia el poniente de la Reserva Nacional Lago Peñuelas. En la primavera y verano amplía su rango territorial hacia el sur, período en el que cruza en cuatro oportunidades la Ruta 68 por áreas de matorral, bosque nativo y un pequeño sector de parcelas de agrado.

“Estos registros son de suma importancia ya que develan, primero, que las montañas están vivas, habitadas, y aprovechado ese espacio por nuestra fauna nativa, que no teníamos certeza de cómo y ahora con estos datos, sí; segundo, que está más cerca de lo que creíamos, ella es adaptativa en el uso del territorio en donde también nosotros habitamos; y, tercero, que nuestros grandes felinos están expuestos a grandes riesgos como son los atropellos ante la necesidad de cruzar las autopistas, para cumplir con su rol ecológico, sabiéndose solo para el año 2019 de dos individuos atropellados en carreteras. Estos primeros resultados, producto de un esfuerzo colaborativo entre instituciones públicas y privadas, sugieren que considerar pasos de fauna en sectores de amortiguación de áreas núcleos de la Infraestructura Ecológica, puede transformarse en una medida de mitigación de alto impacto positivo para los pumas y, por consiguiente, sobre la salud de los corredores biológicos de montaña”, asegura Marianne Katunarić, coordinadora nacional del Proyecto GEF Montaña.

Puma 6624: individuo capturado por el SAG RMS durante junio de 2020 en el sector de Colina. El monitoreo con collar satelital se realizó entre junio del 2020 y enero 2021, abarcando aproximadamente 7 meses.

El puma 6624 recorrió un total de 1.687 kilómetros, entre la Región Metropolitana y la Región de Valparaíso, con localizaciones en altitudes que oscilan entre los 180 y 3.487 metros de altitud sobre el nivel del mar. Fue liberado en el invierno, que es cuando recorre la mayor distancia norte sur, desde la comuna de Lo Barnechea hasta Putaendo, unos 110 kilómetros contabilizados de forma lineal. Su paso lo realiza por altitudes entre los 562 y 3.410 metros de altura. Al arribar la primavera decide remontar a mayor altitud hacia la Reserva Nacional Río Blanco y río Juncal, en la Cordillera de Los Andes. En el verano, se mueve por altitudes entre los 489 y 2.281 metros de altura, entre los valles de Putaendo, San Felipe y Panquehue, cruzando zonas con cultivos agrícolas en ladera, para dirigirse hacia el sur, al oriente de Huechún en el límite entre ambas regiones.

“Estos datos nos advierten sobre el hecho de que si continuamos con la reducción de la superficie predominantemente cubierta por vegetación nativa, reducimos hábitats para individuos como el 6625 y 6624. Lo que impactará también en el resto de las especies del ecosistema, disminuyendo las posibilidades de vinculación e interrelación entre poblaciones”, reafirma Petra Wallem, encargada de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos – SIMBIO RMS, del Proyecto GEF Montaña.

En un 69% y 81%, respectivamente, los pumas utilizaron a Infraestructura Ecológica o red interconectada de espacios naturales y seminaturales con alta relevancia ecológica, que son claves como soporte estructural y funcional para la biodiversidad y los servicios ecosistémicos: “cuestión que resulta relevante a la hora de establecer una estrategia efectiva de conservación de los corredores biológicos de una región administrativa. Y, además, este tipo de estudios deben ser un aporte de información imprescindible en los procesos de planificación del desarrollo urbano y agrícola de las regiones”, concluye Juan José Donoso, director del Proyecto GEF Montaña y jefe de la División de Recursos Naturales y Biodiversidad del Ministerio del Medio Ambiente.

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